AQUELARRE de CASA VARGAS

 Pura Paja

                               AQUELARRE                                                  en la                                                CASA VARGAS                                     

           De strigis vero, quae non sunt, nulla quaestio fiat"


 ("Sobre las brujas, ya que éstas no existen, no se harán pesquisas  por ellas")



Aquelarre de Goya 


Las ánimas  y espíritos que hacen vida en la  Casa de Los Vargas, lo sospechaba,  reposan durante el día entre los tejidos de  cañas bravas que cubren el techo; ya al anochecer se deseperezan y salen a asustar a los incautos visitantes que  apavorados corren, gritan  y otros se cagan.Nunca supe con certeza porque asustan o porque salen de noche nada más; la vieja tia Julia que tenia años  viviendo con las ánimas y gozaba de buena reputación entre los muertos me contó su idea de la cosa:-

" los muertos sólo salen de noche porqué en lo oscuro nos da más miedo el peligro y nos asustan para poder seguir viviendo; nuestro miedo es su alimento....muerto que no asuste no existe."

                               💀

Nunca se olvida cuando llegas a la puerta de la casa desde la calle 31; golpeas la madera vetusta y desde más allá alguien responde con un eco. Es casi un rito de iniciación sentir el primer miedo cuando te escudriñan unos ojos ignotos asomados por el postigo; te aceptan y te permiten transitar a lo largo del penumbroso zaguán de paredes altas que conducen a las entrañas de aquella casa solariega;
y una luz al final barrunta un patio de tierra seca con un solitario  árbol de granados sin una paja cerca; rodea al patio un amplio pasillo cubierto por un  techo de caña brava que recoge aguas al centro en torrentes que van a morir a enormes pipotes.

Al salir del zaguán estamos entre dos habitaciones grandes con ventanas con poyete que dan a la calle,  una de cada lado del penumbroso zaguán; servían en un tiempo de sala de estar para las visitas sociales importantes, una,  y  la, otra, de reunión para asuntos de negocios y llegar acuerdos de palabras en cosas del párroco o no.

Más allá,  cuando caminas por el amplío pasillo, por la derecha estaban  cuatro  habitaciones alineadas una al lado de la otra, contiguas, comunicadas internamente entre sí y provistas de  puertas y ventanas por los pasillos y que servían de dormitorios para los varones y, otro tanto, a la izquierda para las hembras.

Cerrando el patio central, hacia atrás, 
estaban los baños y la gran cocina  compuesta por el fogón con despensas y las baterías de ollas con sartenes y toda suerte de enseres propios que colgaban teñidos de hollín.

Después de eso,  un enorme patio que en Tiempos de Chivos tenía un solar lateral con acceso por la antigua carrera Real y donde los arrieros impacientes con recuas cargadas de pabilo, cueros e insumos para las alpargatas aguardaban la  oportuna visita de Don Pablo María.  Ya en estos dias  estamos en los Tiempos de Alpargata  las bestias  ya no están y  sólo gallinas tiene y  el solar lateral es usurpado por un malogrado hotel de camas baratas perfumadas de naftalina.

                                💀
Traspasar el umbral de aquel zaguán penumbroso era ir de lo oscuro a lo claro; eras invadir el pasado de aquélla familia Los Vargas con sus historias aún vivas en aquellos muebles que una vez fueron elegantes y que hoy gozan de la protección del polvo que amenaza a todo al que intente sentarse allí para curiosear las estampas de santos amarillos, o tratar de escuchar la vieja pianola que viajó por el Orinoco en un bongo con el Coronel Rafael Vargas,  o tratar de ver andar al  viejo reloj Algäuer de péndulo cargado de pesas, símbolo de riqueza y clase olvidada, con su cristal astillado o imaginarse estar allí de noche, de espantó.

                               💀


Olvidaba, cómo podría, contarles sobre aquel retablo que cubría la pared a lo ancho y alto con la imagen de nuestro Señor Jesucristo, El Sagrado Corazón,  que reunía la mística y la devoción de Los Vargas: el corazón como centro vital y expresión de su entrega y amor total a la Doctrina de la Santa Iglesia,  amor a la humanidad. El retablo, salvo un par de raspones y daños menores, estaba intacto y solo el polvo recordaba el olvido en que habia caido en aquélla ermita doméstica junto a la pianola del Orinoco del Coronel Rafael Vargas, el reloj Algäuer de péndulo de nogal labrado cargado de pesas y la fé que pasó y se quedo junto a otros cachivaches y cosas periclitadas..



     LOS ESPONSALES DE JOSEFA

Cuando Josefa Antonia se fue a vivir con Pablo Antonio a lo que sería, mucho después en los Tiempos de Chivo,  la casa solariega de la familia: se propuso vivir como mujer decente,  en la fé de Dios,  y lo primero era casarse como Dios manda y como andaban las cosas con el realengo Pablo António sólo un milagro divino lo lograría.

Josefa Antonia era de armas tomar; no perdió tiempo y la estrategia la trazó de inmediato:

" el mejor aliado es la fé "  - se dijo -   y  " aunque tardará un poco,  pero a Dios rogándo y con el mazo dando ", se repetia mentalmente como un mantra.

Y así pensó y así se hizo:

- " se quedará sin hijos hasta qué no me casé con él , nojoda", se convencía una y otra vez camino a la iglesia en la 
oportunidad de hablar con Dios.


Decía sus oraciones al levantarse y al acostarse,  tres veces al día rezaba el Angelus y el Santo Rosario al final de la tarde; bendecia todo lo que hacía y empezó a buscar cosas como barajitas de santos o monjes  y crucifijos  benditos que amarraba con  pepas de zamuro con ruda que sacrilizaban con su presencia su ermita doméstica,  incipiente pero santa,  que instaló en un rincón de la casa  con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús como devoción central, un cáliz con unas  velas e incienso completaban el escenario.

Con el tiempo,  la iglesia se tornó en su segunda casa y no había actividad
parroquial de la que no formará parte: limpiaba los ángeles, pasaba la escoba, hacía colectas y convirtióse en  tan  devota del Sagrado Corazón de Jesús, a quién pedía por Pablo Antonio para que se dejará de eso y le propusiera  matrimonio, que solo ella podía podia tocar la imágen.

Así conoció al padre Higinio, un español peninsular y más bien vasco, que pasó a ser su confesor y consejero espiritual.Pasaban horas juntos cuchicheando cosas de iglesia,  remendando sotanas y maquillando vírgenes  y, después, dando brincos  entre los Santos y el Altar Mayor pasaban la mayor parte del tiempo santo.


                  

           Tiempos de Chivos


Se vivían esos dias los Tiempos de Chivos en los que Pablo António ni remotamente pensaba en concretar matrimonio y mucho menos cuándo todos estaban así amancebados por un rato sí y otro rato también,  pero con otra. Pero los días fueron pasando y el negocio de la cría de chivos, la leche y los quesos, el sisal y los sacos, y después el cuero  prosperaban cada día  bajo el acicate perseverante y tenaz de Pablo António; y, otra cosa era, que le  habia tomado cariño a Josefa Antonia por costumbre, por batirse siempre con él  que era mucho decir, y por aquéllo del bastimento y los aperos.


Se hizo fama de trabajador, emprendedor y honrado en todo Barqusimeto y su reputación comercial  se conocía en Quíbor, Duaca por un lado
y por el otro hasta Yaritagua;  y  en  el lejano Cubiro le empezarón a decir Don Pablo António cuando subía la montaña con las recuas cargadas de encargos  y regresaba con ajo y cebollas.

Lo uno llamó a lo otro, saltaba de estatus económico como le diera la gana y nivel social a punta de plata,  hasta que los curas lo  llamaron:

- "Pablo António, ven acá, hijo mío,  Josefa Antonia no te  dará hijos sin matrimonio por la iglesia", le dijo el padre Higinio.




La boda duró tres días con sus noches y Josefa Antonia  disfruto esos dias con sus noches y fueron los más felices de su vida en Tiempos de Chivos; el padre Higinio daba gracias al Corazón de Jesús y la vaina se acabo cuando el Obispo se marchó del ágape con el presidente del Estado Lara: se ausentaron bruscamente por la via del Tocuyo al enterarse  que el gobierno de Caracas había caido.

Cuando se hubieron marchado los arrieros, los sembradores de ajo, los del Tamunangue, los del gobierno y la iglesia: Pablo Antonio sintió un vacío. Sintiose que ya no era él y que era otra persona, un personaje, y que formaba parte del establishment ....era el nuevo Don Pablo Antonio.


   
         
              Los Morochos Vargas

Los casi nueve meses de embarazo los pasó Josefa Antonia recostada y sin  poder moverse. El Dr.José Gregorio Hernández, huésped ocasional de la Casa Vargas a su paso para Isnotú, que la ausculto para esos aciagos días; y ocasión que aprovechó para   pontificiar sobre el vitalismo o - como decirlo - la antítesis irreductible entre cuerpo y alma y esas cosas; y mientras auscultaba acostumbraba rezar convirtiendo aquéllo en un sincretismo de Ave Marías y miasmas con flegmasia; y  cuándo en eso de estar rezando y conversando con aquella barriga - y  que de haberlo sabido la santigua,  también- busca de reojo a Pablo António, le dirije su atención y levanta la cabeza ciñiendo el ojo preocupadamente -   y aún con la mano en tacto vaginal -  mira a  Pablo António, que optó por sentarse y esperar, y  le dice convincentemente con palabras melindrosas:

" ¡útero doble ! - sentenció - su señora presenta una anomalía muy rara pues tiene doble útero y en cada uno ....un niño. Morochos va a tener ud , Don Pablo. Felicidades."

A Pablo Antonio le dio un soponcio aquel dia por no entender ni pío  y por el asunto de  los morochos que lo mantenía en sobresalto.




Recomendando reposo absoluto, dispuso el Dr.José Gregorio Hernández, y unas góticas de valeriana  que sacó del bolsillo del chaleco y unas sales para bajar la hinchazón de los pies que dejó en la mesita de noche.Luego, cuidadosamente recogió los corotos  y los metió en el maletín junto a la ipecacuana, el camomel, las sales  y el arsénico más unas hierbas y elixires que nadie alcanzó a identificar.
Estaba vestido de traje negro- como siempre - y  corbata de igual color y camisa blanca; usaba un sombrero de fieltro oscuro, que le tapaba las canas pintadas de quinina de tono castaño,  qué  - luego -  se colocó apenas puso pie en la calle 31 y se despidió con una reverencia,  tocando el filo del sombrero con la punta de los dedos indice y pulgar, y  lo acompaño de una bendición.


Estaba embarazada de  unos morochos que peleaban en su vientre causándole malestar y vómitos, mareos y  cuándo lograba dormir, a ratos, se despertaba al sentir a Pablo Maria llorar en su vientre por los codazos  y patadas que le daba José António.

Porque así lo dispusieron de nombre al nacer cuando se supo la novedad de que venían morochos;  el primero en llegar debería llamarse como el padre: Pablo María, que resultó era de más blanco percudido en piel, peludito, pelo negro ensortijado, ojos negros avellanados y la quijada larga con los pómulos salidos como los Vargas.En cambió, José António era más rosado que blanco, ojos verdes cristalinos, de cabeza más bien cuadrada que redonda y lampiño por mucho tiempo hasta  cuando le nacieron unos rizos amarillos en el cogote.


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Pablo António, en esos Tiempos de
Chivos, se obsesionó tanto por la fisonomía dispar de los morochos que no logró tocar más a Josefa Antonia, ni salía a la calle con los morochos y evitaba acariciarlos y , a veces, dejó de hablarles; dejó de comer y su semblante era de un hombre anciano asumíendo una mirada torva.

El día de San Lorenzo, bien temprano, se escuchó desde la alcoba a Josefa Antonia susurrar una canción de cuna a José António con tanta tristeza y amor,  para  luego romper a llorar entre carcajadas. Dicen que José António yace enterrado en el patio de la Casa Vargas bajo una mata de granados que todavía pueden ver.

Desde ese día de  San Lorenzo,  Josefa Antonia permanece largos ratos sentada en el poyete de la sala con la mirada lánguida mirando la calle y absorta en conversaciones con gente ausente y susurra una canción de cuna al ver pasar un niño.




Del Padre Higinio no sé supo más nada, no sé habló más nada y es cómo que sí no hubiera existido; tampoco dejó dicho a dónde se marchaba o tan siquiera si se quedaba.

La Arquidiócesis hizo un mutis. Un damnatio memorae: pues lo acontecido corria por el centro de la ciudad en boca de todos y amenazaba la tranquilidad bucólica: los Saldivia, los López, los Berrizbeitia  y yo no sé que " cuánto y quién " no volvieron a frecuentar la casa de Los Vargas.

Unos dicen que el padre Higinio se fue para Irún, Guipúzcoa por allá en el País Vasco,  y dónde tiene una hermana ó de dónde era oriundo ó donde puede usar su nombre seglar tan extraño y raro qué evoca duendes y engatuza a los vivos:  Xabier Txapartegi; otros que es maestro en colegio de curas. Más,  otros tantos que son  más dicen que está enterrado en un solar abandonado por Duaca bajo una mata de Cuji dónde los chivos y algunas vacas dejan su boñiga;  cuentan que los días de luna llena y a golpe de medianoche sale el espanto del padre Higinio  - bueno, ahora  mejor conocido como Xabier Txapartegi - buscando su hijo y metiendo pavor para seguir vida de muerto; según tia Julia.:-  "....muerto que no asuste no existe."
      

                  San Lorenzo

Todo comenzó para Pablo António. una noche que escuchaba ruidos en la cocina entre peroles y sartenes que se  golpeaban entre sí;  los cubiertos caen al piso;  y después - pareció - que los muebles se arrastraban;  y hasta que una noche - ya muy tarde- vió como se movian las cortinas encontrando en ello espantos y ánimas que de tanto en tanto habia recogido en sus andanzas y se las habia traido a casa cautivas en su mirada; sé dijo:- para que le acompañaran en aquélla pena.


Desde ese día de San Lorenzo,  comenzó Pablo António a darle por  leer libros de muertos, ánimas, aparecidos y  encantamientos con afición y gusto que olvidó casi por completo todo lo del comercio, y aún la administración de su negocio; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto que vendia  las mulas y la carga para comprar libros de brujos en que leer; y así llevó a su casa todos cuantos pudo; y de todos ningunos le parecían tan bien como el Grimorio de Yuraima de Sthilita's dónde se daba por cierto y  científico aquellos fenómenos; pero le parecia mejor que aquél - otro -  el más aún El Malleus Maleficarum  de Kramer y Sprenger.

Le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera, que vino a perder la noción de  la realidad. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de brujerías, aparecidos, ánimas, muertos y duendes; y  se le fijó en su mente que era verdad toda aquella patraña de cosas soñadas e invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.



Cuándo le tocó enterrarlo, no encontraban cómo por lo rígido y tieso que estaban los miembros y el tronco a pesar de que aún permanencia tibio. Los ojos abiertos asumieron el color gris para negro cubriendo toda la esfera de la esclerótica; la boca seca y labios  morados. Esa noche habia tenido la visita del espanto que le atormentaba desde los viejos días desde  aquel San Lorenzo que Josefa Antonia perdió la cordura, todas las noches durante 17 años.

Le consiguieron altos niveles de adrenalina, noradrelina y cortisol que se acumularón; el espasmo cadavérico evidenció lo  asustado que estaba al morir.



Hacía mucho rato ya que Don Pablo António se habia desentendido de aquéllos arrieros, de mulas y de llevar encargos a Cubíro y bajar cargado de ajo y cebolla; estaba ocupado con sus brujos y sus ánimas.

Los viejos criaderos de  chivos fuerón sustituidos por Pablo María, ya hecho hombre derecho y serio,  por el negoció de alpargatas y la curtiembre de cueros que llegaban de Barinas: soplaban otros tiempos y el país había cambiado: Tiempos de Alpargata.

   
        LA LUCHA DEL ÁNIMA.

Nunca antes lo había visto y pero lo había presentido de siempre; sabía que se trataba de un ánima que habia regresado a cobrar una afrenta pendiente. Se le vino encima apenas lo vió, lo empujó una y otra vez, se esforzaba por dominarlo y se zafaba una y otra vez del ánima; le hacía comer polvo del piso y de así tan pronto se caia como se  paraba y continuaba la lucha; la pelea continuó toda la noche y  agotados ambos por el esfuerzo otearon derededor y en esto viendo el ánima que el sol venía rayando desde Santa Rosa besando el camino de arrieros a Yaritagua y qué nunca lo vencería le preguntó su nombre:- ¡Pablo María , le dijo.

Y esto amaino la lucha y convirtióse en abrazo fraterno; dijole así el ánima, un tanto entre sollozos y alegría:-

"....suéltame que está amaneciendo.Soy yo,  José António..."

Respondiendo Pablo Maria al ánima, le dice: - " si me bendices te soltaré ".

El ánima de Jose António, le contesta sin preámbulo:

-"  ...serás bendecido con doce hijos. Seis varones y seis hembras.  Todos  serán tus hijos más no de tú mujer, excepto el primogénito. Al primero le llamarás cómo a mí José António, en mi honor,  será tu hijo más querido y longevo y te dará muchas satisfacciones y tan pronto sea mayor le dejarás ir. A tu primogénita le llamarás Josefa Antonia por nuestra madre y vivirá en pecado del hombre más conseguirá el perdón para ella y nuestra madre. Tus otros hijos serían hombres de bien mientras estén en tu casa, después no sabrás pues son del mundo.Por mi alma en pena harás oraciones el dia de San Lorenzo y mantendrás en tu casa una vela encendida en ofrenda al purgatorio para que me permitan acompañar, algun día, a Dios nuestro Salvador Jesucristo. Y,  yo  subiré al cielo cuando  la Casa Vargas no esté. Te bendigo, hermano.."


      

            LOS DOCE VARGAS

Eran Los Vargas doce, ni uno más ni uno menos: Don Pablo Maria llevaba la cuenta y su prole era tanto en número  como aquélla de los Apóstoles,  como  meses del año o de  las horas del reloj de  péndulo Algäuer para pontificiar en su casa. Seis varones y seis hembras.

Pero todos tenían las mismas facciones en el rostro que pronto cualquiera los distinguía. Era inconfundible: los pómulos salidos que les bajaban como tablas hasta la quijada  prominente que llegaba a ser rasgo distintivo del gen; luego los ojos saltones  con lo blanco para fuera;  nariz perfilada y estrecha  que resuenan cuando respiran; y la cabeza con los pelos tirados como por el viento. Todos iguales en rostro a Don Pablo Maria, y a Don Pablo António para que negarlo, no los podía negar.


La cabeza variaba y podían ser oligocéfalos o braqueocéfalos. Altos o  bajos, o mediana estatura. El tinte de piel variaba desde un blanco percudido hasta el cobrizo brillante  pero siempre se daba uno cuenta de la mezcla predominante: el indio caquetio a veces más con negro que con blanco peninsular.

Variaban tanto que su fisonomía corporal no los identificaba a no ser por la cara de tabla con los pómulos.....¡ eran Don Pablo María, o Don Pablo António. !


NOTA:
«Los personajes y hechos retratados en Pura Paja®   son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura paja «.

           

Le champion des dames, 1451. Es la primera mención que hay documentada sobre la creencia de que las brujas en escobas


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