MANGO

 Pura Paja en@alsanpo

Ahora es época de mangos.


Por este verano, cuándo no es lluvia es un sol inclemente que calcina el cogote del más avezado de los muchachos: la gente  busca acogerse  a la fresca  sombra de los muchos mangos que pueblan  las calles de Caracas  y  el que busca sombra ha de someterse a  las fragancias y perfumes  de aquéllos mangos qué el apetito despierta por la provocada insinuación  de los colores rojos y amarillos, algunos violetas  y cuando no un mango verde, verdecito; muchos   aprovechan la sombra del mango, el hastio de calor, el sosiego que  la suave brisa comparte cuando sopla buscando la copa de los árboles   para  armarse con ramas largas, cuales lanzas lacerantes,  que hacen las veces de varas para alcanzar a los mangos  altos, los mangos  bajitos  como sabemos: no hay. Los que van cayendo como un rocío sobre el pavimento servirán para  deleitar -  para  comérselos a lentos bocados -  el paladar que  los mangos dulces  con sus néctares y fragancias regalan para  matar  el hambre de los chicos que sentados divertidamente a la vera de  las aceras y brocales se chupan conchas y pepas dejando correr las  gruesas venas de jugo amarillo candela hasta los codos y, mientras,   a la vez que rápidos y veloces autos pasan  rapantes en su vorágine sin darse cuenta de lo sabroso que es un mango maduro y de lo qué se pierden.


Los hay grandes con conchas que se dejan  desprender con  la mano y ofrecen  la pulpa maravillosa como un manjar  y los otros, de  hilacha que los hay,   se dejan ablandar permitiéndoles chupar el néctar dulce y suave que generosanente el  mango ofrece  en una esquina cómo quijada para que los muchachos liben aquél carato de mango en un beso inolvidable. 


Los más  gourmet de está gastronomía de brocal y acera los comen verdes, cortados en lonjas amarillas cuasi verdes con sal que le dan un sabor de platillo exquisito cuál aquélla  ambrosía saciaba a los extraviados  Dioses del Olimpo griego que ya  no caminan por estas  olvidadas urbanizaciónes de La Florida, Las Palmas o El Paraiso  cruzadas una y otra vez - de norte a sur -  por  aquéllas calles repletas de mangos frondosos   y  que llevan de topónimo Los Mangos. Hay tantas Calle Los  Mangos cómo barrios: en la Florida, en las Vegas, en Sabana Grande,  en la Floresta que pueblan el verdor de mi ciudad Caracas: la eterna y amada Caracas de los mangos que hoy se ve amenazada por cientos de palmeras, traídas del Oriente Medio, que cambiarán la ciudad que conocemos de caobos, samanes, ceibas y mangos.


 Yo, a  mi me gusta ver como la gente camina comiendo mango rodeado de escarchas que las  hojas verdes que caen van dejando como una alfombra y crujen al paso:  acompañando a  la sombra que el sol  cambia de hora en hora al pasar  dejando ver luces  que caen de entre las ramas y que rebotan brillantes  en la coraza de las hormigas de  espejos de azabache en sus ojos duros 

cual dos escarabajos de cristal negro,   bebiendo el almibar de las heridas  de las ramas del mango, al caer,  que las  varas como lanzas han dejado.


 Mango, quédate en la Florida y en dónde te vea para saber que estamos en Caracas.



NOTA:
«Los personajes y hechos retratados en Pura Paja®   son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura paja «.

Pura Paja® 


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