Niño Jesús nació en la Juncal

El niño Jesús, musiú

 
EL NIÑO JESÚS NACIO EN LA CALLE JUNCAL

Aunque ya han pasado varios lustros aún estoy en la creencia del niño Jesús y en particular que nacía en mi casa, en la calle Juncal. Porqué cuándo se es niño, en esta época de diciembre,  no hay nada más importante que el nacimiento, el pesebre de lagos de espejo y ramitas de cuji cómo  árboles cundido de algodón,  que se  armaba en la sala, en un rincón visible desde la puerta de la calle,  que permitía a todos los pasantes curiosear sobre los movimientos de los pastores o los animales que  como la vaca o el burro que cada día - no perdían oportunidad - y  se acercaban más y más al pequeño haz de paja, grama seca, que hacía las veces de cuna que esperaba aparecer al niño Jesús para el adventio de aquélla feliz noche buena.




 Era una rutina anual que asombraba a todos los niños  venidos de remotos sitios  que convirtieron en  una minúscula Babel de gente a  aquélla calle Juncal, aún sin pavimento y llenas de polvo,  pues aparecían allí, con la  mirada infantil llena de curiosa y de envidia sana, desde mis queridos amigos hermanitos  sefarditas emigrados desde la lejana  Marruecos, o  los italianitos que  como Pipo  había llegado desde Pordenone o Pepino desde Siracusa,  o Jorge desde aquélla Anatolia o  como Kemal desde Beirut: todos querían tener un nacimiento en casa y la costumbre fue arraigando en casas y  tanto daba que fueran musulmanas o judías, o aquéllos que acostumbraban celebrar el día de Reyes como Pedro, el gallego, o Victor,  el margariteño, del vecindario que acostumbraba hacerse su  propio regalo de navidad a punta del cuatro y maracas cantando aguinaldos de casa en casa, de puerta en puerta, y recibiendo unos cobres aqui y allá y, cuándo no?, una hallaca en el bolsillo. 

No daba caso ni importancia que el niño Jesús no le paraba bola a la carta que se llenaba de garabatos y dibujos de cera multicolores desde el margen superior hasta el filo de la página, a veces hasta atrás se repetía  como recordando con la sempiterna oración: "me porte bien este año",  cómo para completar el ruego de la carta.


La impaciencia era aliada de los nervios y al fin era 24 de diciembre: el niño Jesús apareció esa noche en la cuna de paja con las piernas cruzadas, la barriguita gordita y el pelo rizado de amarillos crespos: el niño Jesús era un musiú en aquélla calle Juncal. Los vaqueros con sus briosos caballos no aparecieron y el carro de cuerda que vendía el japonés de la quincallería  Sakae tampoco. Pero lo más bello estaba allí: el niño Jesús simbolizando la inocencia, pureza, amor divino y esperanza. Estás, y otras cosas más,  nos hacen ser el pueblo del mundo.


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Los personajes y hechos retratados en Pura Paja®   son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas , vivas o muertas, o con hechos reales es pura paja «.

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